Cuentos breves. Historias cortas que pueden leerse entre dos tragos de café. Pequeñas narraciones que buscan generar en el lector un suspiro, un destello, una imagen fugaz...

martes, 18 de junio de 2013

Parodia del capítulo 7 de Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender no coincide nunca con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Y claro, si tenés labio leporino.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, y por un momento olvido que eres bizca, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume a cerveza barata y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu grasoso pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura y otra vez se te cae un diente, por suerte todavía te quedan cinco. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, aunque a veces quiero tapar tu cara con una almohada y presionar. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, aunque a veces parece podrida, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua, pucha, otro ataque de epilepsia.