Estaban sentadas una frente a la otra. El silencio roto sólo por el ruido de Lucía sorbiendo el té. Cuando las tazas estuvieron vacías, Lu fue a enjuagarlas. Nina la abrazó por la espalda.
Lucía se dio vuelta y se perdió en sus ojos verdes. En eso pensó en Marcos, ella era la novia de su amigo, pero el beso y esa piel y toda la moralidad y los conceptos de amistad de Lucía cayeron junto con la ropa interior de Nina. Ella la subió a la mesa del comedor mientras Nina todavía luchaba con la ropa de la otra.
Luego de la mesa fueron a la habitación. Nina de nuevo en ese juego que Lucía jugaba tan bien. Lu le acarició el seno, se resbaló por la tangente y murió en la hipotenusa. Nina tocaba las costillas de la otra como si fuese un piano, acariciando cada tecla, apreciando cada sonido.
De repente una caricia de Lucía, de repente una caricia de Nina, de repente una caricia ya sin de, una caricia ya sin propiedad. Y labios buscando, encontrando, perdiendo y volviendo a encontrar. Así todo tan irreal, tan extraño, tan perfecto, tan ellas y sólo ellas.
Todo tan tranquilo, tan lento, hasta que empiezan a soltarse sin desearlo; caricias perdidas sobre piel muy transpirada, unos últimos besos y apagar la luz. Podrían comer o tomar algo, quizás ir al baño, pero mejor dormir un rato antes que venga Marcos, definitivamente, mejor dormir.