Cuentos breves. Historias cortas que pueden leerse entre dos tragos de café. Pequeñas narraciones que buscan generar en el lector un suspiro, un destello, una imagen fugaz...

domingo, 22 de mayo de 2016

La niña que pintaba el cielo

Ella estaba una edad en la cual nada parece imposible.
La niña pintaba el cielo. Salía al balcón del departamento del quinto piso y flameaba su seco pincel en el aire. Y a medida que ella pintaba, el firmamento, celeste y frío, se volvía hacía la gama de los rosas y naranjas.
Al principio seguía las reglas, las tardes tenían el color de las tardes y las noches el color de las noches. Pero con el tiempo aprendió y pudo lograr que los días, con nubes negras y tormentosas, se volviesen oscuros y que las noches, con una luna dorada y brillantes estrellas, se volvieran luminosas. Sin embargo tenía un problema: los amaneceres. No importaba cuantas veces intentará pintarlos, ellos no eran perfectos. Se levantaba por las madrugadas a transformar la noche en día, y siempre había algo que hacia mal y no sabía qué. Así que practicó. Y practicó. Hasta que una mañana lo consiguió. Violetas, rojos, naranjas y amarillos en un balance perfecto. La niña lloró feliz, como muchos otros que tuvieron la suerte de ver aquel amanecer, su amanecer. Tan orgullosa estuvo que quiso sentir su obra más cerca, quiso abrazarla. Se subió a la reja del balcón, pero esa cercanía no le bastó, así que dio un paso más, hacia su cielo, hacia la nada.

El hermoso amanecer se borró al instante y con negras nubes se cubrió de luto. Poco a poco cayeron gotas de agua salada. No era lluvia. Eran las lágrimas de un cielo lleno de tristeza, porque nunca nadie lo volvería a pintar con tanta hermosura como ella.