Cuentos breves. Historias cortas que pueden leerse entre dos tragos de café. Pequeñas narraciones que buscan generar en el lector un suspiro, un destello, una imagen fugaz...

domingo, 22 de mayo de 2016

La niña que pintaba el cielo

Ella estaba una edad en la cual nada parece imposible.
La niña pintaba el cielo. Salía al balcón del departamento del quinto piso y flameaba su seco pincel en el aire. Y a medida que ella pintaba, el firmamento, celeste y frío, se volvía hacía la gama de los rosas y naranjas.
Al principio seguía las reglas, las tardes tenían el color de las tardes y las noches el color de las noches. Pero con el tiempo aprendió y pudo lograr que los días, con nubes negras y tormentosas, se volviesen oscuros y que las noches, con una luna dorada y brillantes estrellas, se volvieran luminosas. Sin embargo tenía un problema: los amaneceres. No importaba cuantas veces intentará pintarlos, ellos no eran perfectos. Se levantaba por las madrugadas a transformar la noche en día, y siempre había algo que hacia mal y no sabía qué. Así que practicó. Y practicó. Hasta que una mañana lo consiguió. Violetas, rojos, naranjas y amarillos en un balance perfecto. La niña lloró feliz, como muchos otros que tuvieron la suerte de ver aquel amanecer, su amanecer. Tan orgullosa estuvo que quiso sentir su obra más cerca, quiso abrazarla. Se subió a la reja del balcón, pero esa cercanía no le bastó, así que dio un paso más, hacia su cielo, hacia la nada.

El hermoso amanecer se borró al instante y con negras nubes se cubrió de luto. Poco a poco cayeron gotas de agua salada. No era lluvia. Eran las lágrimas de un cielo lleno de tristeza, porque nunca nadie lo volvería a pintar con tanta hermosura como ella.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Bajo el beso
el cierre.
Bajo el cierre
la bombacha.
Bajo la bombacha
aquello que realmente

quería besar.

martes, 18 de junio de 2013

Parodia del capítulo 7 de Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender no coincide nunca con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Y claro, si tenés labio leporino.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, y por un momento olvido que eres bizca, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume a cerveza barata y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu grasoso pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura y otra vez se te cae un diente, por suerte todavía te quedan cinco. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, aunque a veces quiero tapar tu cara con una almohada y presionar. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, aunque a veces parece podrida, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua, pucha, otro ataque de epilepsia.

domingo, 10 de junio de 2012

Asedio


Miró la edificación con desprecio, con odio. ¿Por qué construyeron eso en su territorio?, ¿con qué derecho edificaron sin su permiso? Definitivamente no iba a tolerar tal falta de respeto.

Destruyó el castillo en un abrir y cerrar de ojos. Los muertos y heridos quedaron desperdigados por el terreno, los sobrevivientes corrían sin rumbo. Hasta que, obligados en cierto modo por la naturaleza, protegieron a sus hijos y a la cabecera de su reino.

Entonces un grito se escuchó en el campo de batalla:

— ¡Martín, ¿qué estás haciendo?!

— ¡Nada, mamá! — mintió el niño. Aunque quizás él pensara que el hecho de haber matado miles y miles de hormigas, y haber destruido el hormiguero mediante piedras y ladrillos no fuese algo que valga la pena contarle a su madre. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Quizás la soledad no sea más que un reflejo de tu ausencia. Ya mi mano no está abrazada a la tuya, y si bien ahora puedo tocar y sentir el césped y el mar con la palma, la falta de tus dedos entre los míos duele, entristece. Y pensar que durante tanto tiempo creí que tus dedos eran barrotes y tus palmas cárcel ¡Qué iluso! Recién ahora que estoy a punto de hacerme añicos contra el suelo, me doy cuenta de que tus manos eran alas, mis alas.

jueves, 17 de mayo de 2012

Entonces escribir algunas palabras
Entonces dudar
Entonces borrar
Entonces volver a escribir
Tan simple que parece usar las palabras
Tan simple, pero dudar y borrar
Entonces esas palabras que nada dicen
Entonces paginas y paginas de silencios
Entonces llorar sin entender
Entonces llorar por llorar
Por palabras vacías
Por bellos silencios
Y mi lapicera
Y volver a ella
Entonces escribir otras palabras
Entonces esperarlas reales
Entonces tocarlas
Entonces abrazarlas
Y sentir su aspereza
Y volver al silencio
Entonces abandonar
Entonces terminar
Entonces punto final

viernes, 23 de marzo de 2012

Estaban sentadas una frente a la otra. El silencio roto sólo por el ruido de Lucía sorbiendo el té. Cuando las tazas estuvieron vacías, Lu fue a enjuagarlas. Nina la abrazó por la espalda.
Lucía se dio vuelta y se perdió en sus ojos verdes. En eso pensó en Marcos, ella era la novia de su amigo, pero el beso y esa piel y toda la moralidad y los conceptos de amistad de Lucía cayeron junto con la ropa interior de Nina. Ella la subió a la mesa del comedor mientras Nina todavía luchaba con la ropa de la otra.
Luego de la mesa fueron a la habitación. Nina de nuevo en ese juego que Lucía jugaba tan bien. Lu le acarició el seno, se resbaló por la tangente y murió en la hipotenusa. Nina tocaba las costillas de la otra como si fuese un piano, acariciando cada tecla, apreciando cada sonido.
De repente una caricia de Lucía, de repente una caricia de Nina, de repente una caricia ya sin de, una caricia ya sin propiedad. Y labios buscando, encontrando, perdiendo y volviendo a encontrar. Así todo tan irreal, tan extraño, tan perfecto, tan ellas y sólo ellas.
Todo tan tranquilo, tan lento, hasta que empiezan a soltarse sin desearlo; caricias perdidas sobre piel muy transpirada, unos últimos besos y apagar la luz. Podrían comer o tomar algo, quizás ir al baño, pero mejor dormir un rato antes que venga Marcos, definitivamente, mejor dormir.