Quizás la soledad no sea más que un reflejo de tu ausencia. Ya mi mano no está abrazada a la tuya, y si bien ahora puedo tocar y sentir el césped y el mar con la palma, la falta de tus dedos entre los míos duele, entristece. Y pensar que durante tanto tiempo creí que tus dedos eran barrotes y tus palmas cárcel ¡Qué iluso! Recién ahora que estoy a punto de hacerme añicos contra el suelo, me doy cuenta de que tus manos eran alas, mis alas.
Realmente precioso!! Un beso desde La Sonrisa Del Durmiente
ResponderEliminar