Por
más dolorosa que sea, la libertad es una de las cosas más valiosas de este
mundo. Pensemos en el coyote, que al caer en una trampa, prefiere cortarse una
extremidad a perder su libertad. Durante siglos y siglos cuántos ejércitos se
han movido en su búsqueda, cuánta muerte y cuánto dolor ha caído sobre seres
que buscaban salir de sus respectivas jaulas y, sobre todo, cuánto dolor ha
traído el perder esa libertad por la que tanto se ha luchado y tanto se ha
arriesgado.
Éste
caso, que estoy viendo, no dista de la lógica del obtener y mantener dicha
libertad cueste lo que cueste.
Él
cayó en una trampa y no deseaba quedarse allí, tenía que escapar como sea. Él,
con más fuerza de la que lo creí capaz, empezó a zafarse y su sangre empezó a
manchar todo a su alrededor. Su lucha duró varios minutos, hasta que por fin,
para sorpresa mía, salió dejando parte de él en su cárcel. Dio algunos
pasos tambaleantes y, luego, murió
desangrado, pero en libertad.
Algunas
jaulas se llaman rutina, otras matrimonio, algunas tristeza… En muchas
ocasiones nosotros mismos elegimos nuestras cárceles, pero él no eligió su
prisión, fui yo el que se la puso; y esa jaula… se llama ratonera.
Me gusta como has enlazado el tema de la libertad con ese final tan inesperado. Sigue así. Un saludo desde La Sonrisa Del Durmiente
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