Era de noche, el
tiempo se deslizaba por los pasillos del viejo y atestado hospital, cuando un
perro entró, pero no era un perro cualquiera, por supuesto que no.
Él lo vio pasar
enfrente de la habitación 115, pero no podía irse, no podía dejar a su madre allí.
Escuchó el ladrido y era inconfundible; no pudo resistirse, así que dejo a su
madre y fue tras él. Las muletas hacían un sonido cuasi sincronizado.
Entonces lo vio
blanco con una mancha en el cuello, definitivamente era el perro.
Ése perro debería estar muerto
mamá manejaba
intentó eludirlo pero no pudo
yo lo vi y luego…
y luego…
el otro auto
el que vino de frente
y mi pierna.
Pero el perro
estaba ahí, era blanco y tenía una mancha, entonces se acercó al joven y lo
miró con cara suplicante. Él, no con poco esfuerzo, se agacho para acariciarlo
y el animal empezó a dormirse y su madre…
¡Mamá!
Tuve un extraño presentimiento y volví a la habitación
115
cuando mire a mi mamá ella me devolvió la mirada
despertó del coma después de tanto tiempo
despertó, pero el perro… se durmió para siempre.
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